lunes, 27 de julio de 2009

FALSO EJE


Al aparecer la verdad, la mentira y lo falso desaparece

Tenemos hábitos o repeticiones corporales, emocionales y mentales que nos perjudican; son hábitos de todo tipo y grosor que nos han trasmitido nuestros educadores desde nuestra más tierna infancia. El espíritu no es tocado por ningún hábito, el espíritu, al manifestarse, se lo vivencia como algo nuevo por primera vez, como algo extraño al que no domina la comprensión del hombre.

Grabar en la niñez es como grabar sobre la piedra.

Al nacer, traemos nuestro destino o programas ya escritos, que al igual que los programas genéticos se van a ejecutar en su momento. Nuestra tarea es recordar aquello que está olvidado.

Nadar contra nuestros hábitos dañinos es muy desagradable, y más cuando no estamos educados para comprender que la vida, o sea el acontecer de los hechos diarios, no nos consulta ni nos pide opinión en su brusco aparecer en el campo de lo evidente. Por ejemplo:

Mi pequeño hijo acaba de morir en un accidente de auto, o el abogado de mi esposa me comunica que ella me pide el divorcio. Ese tipo de desgracias, no nos consulta en que momento de nuestra vida van a manifestarse para hacernos sufrir. Ante los imprevistos negativos, nada podemos hacer.

Nadar contra nuestros hábitos negativos da resultados muy eficaces. Damos una comparación:

Una madre lo sabe mejor que un hombre: un parto es doloroso, pero la satisfacción de tener el recién nacido en sus brazos, produce en la madre una sensación de ser abarcada por una grandiosidad indescriptible. Una madre sabe que hay algo más grande que ella. Eso más grande, abarca a la madre, la hace desaparecer momentáneamente. Cualquier madre arriesga su vida en defensa de su bebé, porque ella siente que el amor a su bebé es más grande que ella.

Es muy doloroso para la madre cuando el feto avanza dentro del canal de parto, cuando está pariendo a su bebé, pero si el feto se detiene en su avance, puede morir por estrangulación del cordón umbilical, con todo el sufrimiento que esa muerte significa para la madre. De modo similar, es mejor avanzar dentro de la tormenta del malestar. La ruptura de hábitos negativos produce un tremendo malestar.

Es tremendo el malestar que produce ver las cosas tal cual son, y es casi imposible aceptar que las cosas no se acomodan a mis particulares gustos y caprichos de turno, pero es peor quedarse con los brazos cruzados, o sea retroceder frente a la tormenta del malestar y buscar parches o falsas soluciones. El avestruz, un animal de Sudamérica, cuando el cazador lo va a agarrar, esconde la cabeza entre sus patas, así no ve al cazador y es fácilmente cazado. Asi hacemos nosotros con nuestro malestar, no lo enfrentamos y somos derrotados por la depresión, hay que elegir: o se crece o se cae en la depresión.

Al malestar o crisis de crecimiento hay que enfrentarlo para tener la experiencia. Los teólogos lo llaman las pruebas o tests a que Dios somete al hombre, para que el mismo hombre verifique quién es un mentiroso o quién es sincero en su camino de retorno a Dios.

Todos los esfuerzos y sacrificios conscientes que se hacen para salirse de la rueda de nuestras dañinas repeticiones son instrumentos para lograr objetivos. No somos masoquistas, somos personas que queremos dejar de sufrir y usamos un método, un modo de vivir sabiamente siguiendo las leyes de la naturaleza, para que el sufrimiento no se convierta en nuestro maestro.

Los objetivos son los resultados concretos que observamos en nuestra vida cotidiana. Si se trabaja correctamente sobre uno mismo, cambia nuestra forma de ver o encarar la realidad así como nuestro hacer conductual en el mundo. Somos prisioneros de lo ya hecho. Nuestra cosecha depende de lo que hemos sembrado en nuestras intenciones. Nuestras intenciones más profundas ya vienen escritas en nuestro destino. A cada momento hay que conocer qué programa quiere el destino que se ejecute, y debemos ejecutar ese programa obedeciéndolo voluntariamente, caso contrario, lo vamos a ejecutar en forma forzada y vamos a transformar nuestras vidas en puro sufrimiento. Hay que estar alerta a la transformación de cada momento. Cada programa genera circunstancias de vida específicas.

El cambio imaginario es un cambio del punto de vista de la realidad, el cambio real es un cambio del modo de ser, estar y hacer en el mundo. Es interesante acotar que en ciertas lenguas muy antiguas no existe el verbo ser o estar en tiempo presente (por ejemplo: no se dice yo estoy comiendo, o yo soy Paco, sino que se dice yo como o yo Paco).

El hombre es algo que se está haciendo aún, no es algo terminado, por eso las conclusiones son conclusiones de un momento dado de vida, y por eso lo que hoy vemos que es correcto para uno, mañana lo vemos como algo equivocado para uno y viceversa. Cuando sacamos conclusiones o hacemos leyes generales de conclusiones parciales, entramos en contradicciones. Es lo que le pasa a la ciencia: rompiendo paradigmas es como avanza.

¿Qué son los resultados? Los resultados es hacer caer todo lo falso que hay en nuestro interior. Cuando cae todo lo falso (los ídolos, los castillos de arena, los altos edificios de base falsa) que hay en nuestro interior, surge la verdadera naturaleza interna o marca original de cada uno de nosotros. Se caen nuestras interesadas máscaras de adaptación social, y se cae la falsa autoimagen que tenemos de cada uno de nosotros, nos vemos tal cual somos, lo cual es muy desagradable, pero tiene el sabor de lo real. Lo real es la puerta de salida de nuestros laberintos inconscientes. En nuestro ser interno verdadero está la vida en estado puro, no así en nuestra neurosis o capas falsa de personalidad producidas por nuestros ocultamientos de la verdad, ya que ocultamos la verdad, o la negamos por su sabor tan desagradable al experimentarla. Dentro de la vida se encuentra la fuerza necesaria que hace falta para desapegarnos de la vida falsa que llevamos, llena de mentiras e hipocresía y simbolismos que nos alejan de nuestros instintos reales. Estos últimos son caminos hacia el develamiento espiritual.

Esa fuerza interna nos orienta hacia la salida de nuestros simbólicos laberintos. Esa fuerza, sin consultarnos, nos lleva hacia lo real y verdadero que hay en cada uno de nosotros y que habita en el fondo de nuestros corazones. Allí no hay ideas ni sentimientos, allí habita lo sin forma.

Tenemos que aprender (recordar) a caer en el fondo de nuestros corazones. Eso se produce si somos sinceros y nos rendimos a la fuerte atracción que nos empuja a caer dentro del fondo de nuestros corazones.

El renacer lo vamos a lograr si realmente lo deseamos con toda la fuerza de nuestro corazón. ¿Cómo verifico que desde el fondo de mi corazón nace el deseo de despojarme de mis mentiras e hipocresías internas? Porque le corto las alas a todas las excusas que a través de mi enfermiza imaginación me hacen hacer planes que tienen por finalidad el repetir y repetir mis laberintos sin salida, los cuales me conducen a un sufrimiento circular. No se puede oler la verdad interna, no podemos llegar a conocernos a nosotros mismos, si no clarificamos y abandonamos las excusas y mentiras que nos hacemos a nosotros mismos con el pretexto de que somos buenas personas y nos interesa el bien común. Si no hacemos un sabio trabajo de develar lo simbólico que nos hace vivir una vida imaginaria, somos necesariamente seres egoístas (vivo para recibir, no para dar) y egocéntricos (todo pasa por mi centro; si yo no existo, el mundo deja de existir).

Es muy duro enfrentarse cara a cara con nuestras mentiras y falsas autoimágenes, es muy desagradable saber quiénes somos de verdad, pero es mucho peor vivir en el sufrimiento que se genera a partir de la total ignorancia que tenemos de nosotros mismos. ¿Cómo puedo conocer a mis seres queridos y al mundo si yo no me conozco a mí mismo? Si lo que veo del mundo es un teñido que hago con un colorante que existe sólo en mi interior, ¿cómo puedo ayudar a mis seres queridos desde sus necesidades, las cuales se encuentran fuera de mí? Todo lo que yo veo, está sólo dentro de mi opinión.

1) ¿Por qué no quiero soltar todo lo falso que hay dentro mío? Porque no quiero sufrir. Amo y estoy pegado como una garrapata a lo falso, es parte mía. No quiero morir ni sufrir. Si me quito de encima mis apegos, ¿desapareceré?, ¿me quedaré sin mí?, ¿seré capaz de vivir de una nueva manera?

2) ¿Por qué entre un mal menor para mí (pasar la tormenta del malestar, tormenta necesaria para crecer) y otro mal mayor para mí (soltar lo falso) elijo el mal mayor? Porque no quiero sentirme mal soltando mis apegos internos. Sé que lo falso me hace sentir mal, pero anestesio mi malestar con falsas soluciones.

3) ¿Por qué razono desde mis impulsos y no razono desde mi silencio o reflexión interior? Porque no controlo mis compulsiones ni lo irracional que hay en mí, porque vivo prisionero dentro de mis velos, simbolismos o microdelirios encapsulados.

4) ¿Por qué idolatro a mis experiencias de vida que me impiden ver en vivo y en directo lo que está sucediendo en este momento? Porque prefiero pájaro en mano que cientos volando. Prefiero repetir lo que ya experimenté a tener experiencias que desconozco.

5) ¿Por qué no acepto que estoy rodeado por aquello que yo mismo originé? Porque me es más fácil descargar mi culpa en otros que revisar mis errores, ya que si hago esto, peligra mi autoimagen. Si me veo tal cual soy, esa imagen real no coincide con la imagen imaginaria que tengo de mí mismo. Entonces me invade la incertidumbre y la inseguridad.

6) ¿Que me hará comprender que le tengo que hablar al otro desde los zapatos del otro? El darme cuenta de que no me interesa el dolor del otro, sino que lo que me interesa es hacer catarsis o sea, descargar mis emociones y tensiones en el otro, para así relajarme. Le llamo diálogo a la autoterapia que me hago a través del otro.

7) ¿Qué me hará comprender que si el otro me pide apoyo emocional, le debo dar eso antes que nada? Darme cuenta de que a mí me gusta dar consejos y regalar mi sabiduría, lo cual es mi error. Para mí, eso es ayudar al otro, pero lo ayudo como a mí me parece mejor, según lo que me dicta mi egoísmo, no lo ayudo según el otro me lo pide.

8) ¿Por qué no hago la experiencia de soltar lo falso para dejar de sufrir? Porque no sé cómo se vive de una nueva manera. Tengo miedo a desaparecer. Tengo miedo a sentirme un tonto frente a mí y frente a la gente.

9) ¿Por qué no suelto los castillos de arena que he construido con la finalidad de sufrir? No sé como hacerlo, no sé cómo se hace para vivir sin mis apegos. Más vale lo viejo y malo ya conocido, que lo nuevo por conocer.

10) ¿Por qué me guío por sospechas y no me guío por hechos concretos? Por qué es mas fácil sospechar y me es más difícil investigar o reflexionar.

11) ¿Por qué no desciendo al nivel profundo de las esencias de las cosas y por qué me gusta permanecer a niveles simbólicos de las cosas? No me gusta complicarme la vida con eso de andar preguntándome qué significa cada cosa para mí. La vida es simple y sencilla, no quiero tomar precauciones ante posibles complicaciones. Cuando me vengan las complicaciones de la vida, pediré a Dios que me ayude, esa es Su función y, si no creo en Dios, confío en mi buena estrella.

12) ¿Por qué me gusta vivir dentro de mis velos, o sea lo simbólico, lo retorcido, lo indirecto, lo desviado, lo burocrático innecesario?

Si acepto que he construido mis velos, entonces me tengo que desvelar, lo cual implica perder todo sostén existencial. Toda mi vida está sostenida por mis velos, y si pierdo mis velos es como perder mi vida. Vivir momento a momento es riesgo existencial continuo, y yo no estoy loco para vivir sin creencias de sostén existencial. Un loco se dice a sí mismo: "Esto extraño que me está sucediendo es un mensajero que me está indicando señales que debo obedecer; esas señales son la orientación o dirección en que mi destino quiere que vaya. Si voy en esa dirección, todo será mas fácil para mí, y si voy hacia otra dirección el infierno en este mundo brotará de mí".

13) ¿Por qué no investigo los orígenes de las cosas y me quedo en las consecuencias de las cosas? Porque pienso que el origen de las cosas está en el campo de lo evidente como me indican mis sentidos (vista, tacto...). Creo en lo que veo. La visión trascendental es una utopia de los soñadores.

14) ¿Por qué me gusta más pensar y sentir que fundirme con mi esencia, la cual se mueve dentro de mis tripas? Porque pierdo todo control de mí mismo, no me pidas que viva como un inocente niño.

15) ¿Por qué no tomo precauciones cuando las circunstancias me lo indican? Porque estoy desatento a lo que sucede alrededor mío, soy un despistado desde niño, nací así, estoy orgulloso de mi forma rígida de ser.

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