martes, 11 de enero de 2011

Enésima no-despedida.




No sé por qué me aflijo por quienes están contentos con servir a los intereses de los grandes grupos farmacéuticos que lucran con la enfermedad, los miedos y la esperanza de la gente. Lo mismo que ellos se esmeran inútilmente en hacerme consumir sus productos estoy perdiendo yo mi tiempo en hacerles entender que los están usando. Si son felices o se sienten seguros de esa manera, no es, ni tiene que ser, mi problema.
Me dedicaré exclusivamente a aquellos que desean una vida sana, no dependiente.
A mi no me interesa el dinero, he tenido la suerte de que nunca me falte y consecuentemente poder dedicarme a cultivar mi espíritu. Quizá no es el caso de la gran mayoría y sólo unos pocos privilegiados tienen la capacidad de ver más allá de las formas. Insisto, no es mi problema.
Me he visto envuelta en diálogos de una bajeza insólita, y me alegra no haber involucrado mi verdadera identidad.
Rescato gente muy valiosa, todos conocen mi nombre. No he querido mezclar mi vida personal con el tema EM (que es sólo un tema) y ahora viendo la bajeza de algunos personajes me felicito por haber tomado esa decisión aunque no fue con esa intención.

Emma (sólo iniciales, las primeras: EM; las siguientes, las dos primeras letras de mi nombre)

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