jueves, 10 de noviembre de 2011

LA RESILIENCIA EL ARTE DE REVIVIR



Renacer, como el Ave Fénix, Volver a empezar después de una pérdida. Seguir tirando a pesar de un cáncer. Recuperarse tras una adicción. La “resiliencia” es la capacidad de auto sostén.
¿Por qué algunas personas, niños o adultos, logran salir adelante después de haber sufrido situaciones adversas, traumatismos y amenazas graves contra su salud y su desarrollo en tanto otras quedan seriamente afectadas para el resto de su vida? Hace dos décadas esta pregunta produjo un cambio radical en la manera de encarar las repercusiones personales y sociales que sufren los seres humanos después de una crisis severa. Más que de una nueva forma de tratar el llamado estrés postraumático, se trata de una mirada distinta acerca de la manera en que los diferentes seres humanos afrontan las posibles causas de ese estrés: malas condiciones y vejaciones en la familia, reclusión en campos de prisioneros, situaciones de crisis, como las causadas por la viudez o el divorcio, las grandes pérdidas económicas o de cualquier otra índole.
En lugar de preguntarse por las causas de la patología física o espiritual que esas catástrofes generan, el nuevo punto de vista supone indagar de qué condiciones está dotada esa minoría; por qué y de qué manera logra escapar a los males propios de los llamados «grupos de riesgo”. De los núcleos más expuestos se comenzó a trabajar con chicos de la calle y, dentro de ellos, con una minoría libre de las patologías a las que la teoría y las estadísticas parecían condenados fatalmente —alcoholismo delincuencia, adicción a las drogas, etc.—. Para convenirse, en cambio, en seres predispuestos a llevar una vida de proyectos y realizaciones en personas integradas y normales. Este fenómeno, denominado “resiliencia”. Se apunta a las potencialidades del sujeto (aquello que puede hacer bien) más que a un pronóstico que lo condena por sus «fallas de origen” y al que sólo se puede ayudar rescatando a lo de lo que hace mal.
LOS TRES PILARES
Todos los seres humanos somos dueños en mayor o menos grado de una capacidad de resiliencia. Todos, niños y adultos, aprendemos a reponemos de las crisis, a seguir adelante. El lenguaje, popular refleja muy bien el sentimiento de que sólo hasta cierto punto somos vulnerables y que —salvo casos extremos— la gente se recupera más tarde o más temprano: “La vida continúa” “hay que seguir tirando”, “el mundo no se acaba hoy”, etcétera. Pero, mientras existen seres dotados en alto grado de una resiliencia natural, que a veces son vistos como invulnerables a la adversidad, existen personas que por diversas causas se entregan a situaciones de estrés cada vez más notables, que acaban en crisis depresivas o enfermedades. «Es como si les faltaran elementos en la caja de herramientas de la vida.
“Existen tres pilares que sostienen la capacidad de resiliencia»,
1) La capacidad de juego. No tomarse las cosas tan a pecho que el temor impida hallar las salidas. Y en esto e sentido del humor, el “mirar las cosas como desde el revés de un larga vista permite tomar distancia de los conflictos. La creatividad, la multiplicación de los intereses personales, los juegos de la imaginación relegan esas causas de alarma a su justo lugar, relativizarlas para no deprimirse.
2) La capacidad de encarar las situaciones con un sentimiento de esperanza. Para ello es fundamental tener al menos a alguien en quien depositar los afectos, admiración, que sirve como guía y estimulo.
3) El auto sostén. Se puede resumir como un mensaje que la persona elabora para si misma. “Yo sé que esto me va a pasar, Me quiero, confío en mí, me puedo sostener en la vida”.

Para consolidar la resiliencia, tenemos derechos:
1 A ser tratados con dignidad y respeto.
2 A equivocamos y ser responsables de nuestros propios errores.
3 A tener nuestras propias opiniones y nuestros propios valores.
4 A tener nuestras propias necesidades, tan importes como las de los de demás.
5 A experimentar y expresar nuestro pensamiento propio, así como a ser sus únicos jueces.
6 A cambiar de opinión, idea o línea de acción.
7 A protestar cuando somos tratados con injusticia.
8 A intentar cambiar lo que no nos satisface.
9 A detenernos a pensar antes de actuar.
10 A pedir lo que queremos. A hacer menos de lo que humanamente somos capaces de hacer. A ser independientes.
11 A decidir qué hacer con lo que es nuestro, con nuestro propio cuerpo y nuestro tiempo.
12 A sentir y expresar el dolor.
13 A ignorar los consejos.
14 A rechazar peticiones sin sentirnos culpables o egoístas.
15 A estar solos aún cuando otros deseen nuestra compañía.
16 A no justificamos ante los demás.
17 A no responsabilizarse de los problemas ajenos.
18 A no anticiparnos a las necesidades y deseos de los otros ni estar pendientes de su buena voluntad.
19 A no responsabilizarnos de los problemas ajenos.
20 A no anticiparnosa tas necesidades y deseos de los otros ni estar pendientes de su buena voluntad.
21 A elegir no comportarnos siempre de una manera positiva o socialmente convencional.

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