miércoles, 14 de diciembre de 2011

Enfermedad y muerte por medicamentos



La incidencia de reacciones secundarias-adversas, producidas por medicamentos recetados, es el problema de salud más criticado en los Estados Unidos.

Desafortunadamente al analizar los efectos de los medicamentos químicos en el organismo, podemos señalar que las enfermedades que causan, son peores que la enfermedad que se suponían curaran y hasta la muerte.


Las estadísticas indican que millones de personas son admitidas en los hospitales de los Estados Unidos cada año, debido a las enfermedades producidas por las medicinas. Y el número de fatalidades por esta causa sigue en aumento.


El negocio médico-farmacéutico produce cientos de miles de millones de beneficio a costa de millones de enfermos y muertes. Todo se reviste con el engañoso poder del conocimiento y la ciencia, del prestigio de la profesión médica, de los miles de millones invertidos en tecnología. Se trata de denigrar las medicinas naturales y terapias no convencionales, acusándolas de ineficaces, estafas y hasta fanatismos.


Anualmente se le ofrece al médico alrededor de 400 nuevas drogas, y encontramos que los fabricantes de las mismas se enfocan en exagerar sus beneficios e ignorar los efectos secundarios.


Por otro lado la sociedad actual señala el error como castigable y culpabilizable, por eso fácilmente se cae en la tentación de ocultar u omitir un error. Evidentemente, esta forma de actuar oculta datos y dificulta la actuación para evitar errores reiterados.


De acuerdo con las conservadoras estimaciones publicadas en Journal of the American Medical Association, más de 120.000 personas mueren cada año a causa de los efectos adversos de los medicamentos (Starfield, 2000. Cita del autor). No obstante, un estudio más reciente basado en los resultados de un seguimiento de diez años de las estadísticas gubernamentales revela que las cifras son aún más descorazonadoras (Null, et al., 2003. Cita del autor).


Este estudio concluye que las enfermedades iatrogénicas son la primera causa de muerte en Estados Unidos y que las reacciones adversas a los fármacos recetados son responsables de más de 300.000 muertes al año. Si a los cercanos 400.000 muertos por iatrogenia en los Estados Unidos sumamos las muertes producidas por la misma causa en Europa, más las de los países avanzados, mas las del llamado tercer mundo, estamos hablando de millones de muertes al año por ingestión de medicamentos.


Los datos estadísticos son abrumadores, en especial para una profesión cuyo objetivo es curar y que ha desdeñado con arrogancia los tres mil años de la medicina oriental y los suplementos nutricionales naturales.


Está claro que las multinacionales farmacéuticas sacan un enorme beneficio de esta situación, ejerciendo un control sobre la población, gobiernos, profesión médica y su ejercicio.

Los médicos no pueden alegar ignorancia, pues datos y estadísticas son públicos y el día a día de su ejercicio profesional les muestra con claridad la realidad.


El juramento hipocrático que dice que "lo primero es no hacer daño al paciente" se incumple porque se les enseñan a depender de protocolos y de fármacos. Los descubrimientos de la biología celular, de la física cuántica y otras ciencias de vanguardia que cambian diametralmente la visión de lo que es un ser humano, no se han integrado con certeza a la nueva visión cientifica, avanzada y real que debe prevalecer.

Es imperativa la necesidad de cambiar el sistema que impide a la comunidad médica informar de estos incidentes, ya que en la información también reside el problema.

Todos los estudios sobre estas reacciones adversas, ya sea hospitalarias, o a medicamentos, coinciden en dos cosas importantes: la importancia del problema y la necesidad de cambiar la “cultura médica” al respecto. Diversos estudios exponen la reticencia de la profesión médica a informar de esos errores y, si ellos no dan el paso, las profesiones del ámbito circundante tampoco lo harán.

Lo sabemos todos. Lo sabe la industria farmacéutica, lo saben los médicos, lo sabe el estado y lo saben las propias víctimas: los enfermos. Cuide usted mismo su salud.

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