sábado, 10 de diciembre de 2011

Un paciente con EM pierde la confianza cuando se entera de su médico es pagado por las compañías farmacéuticas



El año pasado, cuatro años después de mostrar síntomas iniciales de esclerosis múltiple (EM), salí por la puerta de la oficina de un neurólogo y, después de varios meses de búsqueda, cambié a otro médico. Fue el acto final de una serie de eventos que han erosionado poco a poco mi confianza en el juicio del primer neurólogo, que creo que fue coloreada por sus relaciones financieras con las compañías farmacéuticas que fabrican y comercializan medicamentos para los pacientes con EM.

Unos seis meses después, durante una cita de rutina, mi primer neurólogo me dijo que, dado el desarrollo de nuevas lesiones que aparecen en mi más reciente resonancia magnética, era hora de comenzar un tratamiento modificador de la enfermedad. Dijo que si decido no hacerlo, mi nivel de discapacidad en diez años, probablemente será mucho mayor que si empezara la terapia en ese momento.

Yo me sentí presionado a tomar medicamentos por mi neurólogo. Cuando me enteré que le habían pagado grandes sumas de dinero la pérdida de mi fe fue completa. Nunca regresé a su clínica de neurología de nuevo.

Los médicos a menudo dicen que sus relaciones con la industria de drogas no afectan a su juicio o el comportamiento de la prescripción. Pero en realidad, los resultados de una encuesta citada por Dana Katz y otros, en una edición de 2003 del American Journal of Bioethics , revelan que los regalos que un médico recibe, lo más probable es que influencie su comportamiento.

Como paciente que experimenta una enfermedad neurológica que no tiene causa conocida y sin cura conocida, yo esperaba que mi neurólogo fuera directo y honesto conmigo. Yo esperaba la honestidad en la interpretación de imágenes de resonancia magnética, y me diera un pronóstico al explicar su razón de ser de las recomendaciones del tratamiento y en el suministro de información verificable, científica acerca de la EM, y esperaba que me hablara de cualquier conflicto de interés con las compañías farmacéuticas. En realidad, yo esperaba que mi neurólogo no tuviera ningún conflicto de interés financiero.

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