sábado, 22 de septiembre de 2012

EM: la enfermedad.


Me llama la atención, la virulencia, la maldad, el espíritu de conventillo y otros calificativos similares que he encontrado cuando con buena voluntad y solidaridad me acerqué a los grupos de enfermos de EM con la buena noticia de que la EM tiene cura.
Grande fue mi sorpresa al ver tanto empecinamiento en permanecer enfermos, en descalificarme, tratarme de mentirosa, acusarme de pretender ilusionarlos con falsas esperanzas…

Esta reacción me hizo recordar que una de las primeras reglas para curarse es querer curarse, evidentemente la gente que se agrupa en un grupo de enfermos, pone como primera circunstancia de su vida la enfermedad. Es como querer hablar sobre religión o sobre política, no se puede pensar en alternativas, todo se limita a blanco o negro, luego si: parecen muy cariñosos y afectuosos entre ellos siempre que no te metas con lo que los identifica, reúne, y hermana: la enfermedad.

Quieren ser enfermos y quieren seguir enfermos, la enfermedad les ha dado su identidad y no están dispuestos a negociarla, y no voy a hablar aquí del inmenso poder que ejerce la industria farmacéutica para quien son su capital, solamente me limitaré a escribir estas líneas, quien tenga interés de salirse de este mega negocio llamado EM, que no es más que uno de los tantos de la industria farmacéutica, investigará.

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